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viernes, 8 de junio de 2012

sorprende que OPINION entre los factores para el fracaso de la 42 Asamblea de la OEA no mencione para nada la ausencia de unidad y de preparación en la postura boliviana débil, incongruente, poco trabajada.

Más allá de una serie de factores habría que considerar tres aspectos que tienen que ver con la reivindicación marítima, la posición de Bolivia y la postura intransigente de Chile.

La intervención del canciller de Chile Alfredo Moreno cuando respondía a una réplica del canciller de Bolivia David Choquehuanca calificando de “liviana” la propuesta para renegociar el Tratado de 1904, es la expresión clara de que la posición marítima del vecino país respecto al problema boliviano, no solo que no encuentra un ambiente de flexibilidad para el análisis del problema, sino que se ha endurecido a punto tal que incluso transgrede normas en el lenguaje diplomático al afirmar como “liviana” el planteamiento de un jefe de la diplomacia.

Las expectativas respecto a una posibilidad de encontrar apoyo entre los cancilleres de los países asistentes a la 42 Asamblea General de la OEA, se disiparon la tarde del martes, cuando la pretendida aspiración de lograr un reconocimiento del carácter multilateral del problema marítimo boliviano y de un apoyo a la resolución de 1979, quedaron en la nada.

La intervención del canciller Choquehuanca basada en una explicación histórica, demandó renegociar el Tratado de 1904 para que Bolivia tenga una salida soberana al Pacífico luego de que le arrebataron su litoral en una guerra injusta. La respuesta de Chile fue que los países deben honrar sus compromiso, en este caso el Tratado de 1904.

La posición de Chile ha sido en esta oportunidad de una dureza que ha sorprendido a los cancilleres asistentes a la Asamblea, lo que sin embargo se anticipaba a partir de declaraciones previas del propio Canciller chileno que incluso había sostenido en determinado momento que su país tenía la fuerza militar necesaria para hace prevalecer el respeto a los tratados. En el plano diplomático la Cancillería chilena realizó antesalas o lobbys previos con los países miembros del organismo interamericano exponiendo su postura, lo que explica que al final instaron al diálogo, expresaron apoyo a la solución pero dejaron el problema en manos de Bolivia y Chile, ratificando la tesis chilena de la bilateralidad del asunto y echando por tierra la resolución de 1979 que reconocía que la demanda marítima boliviana es de interés hemisférico.

De tal modo que la incómoda resolución para Chile quedó en la nada y allanó también el camino de incomodidades para la misma OEA que no la hizo cumplir, lo que en los hechos ha representado una hábil jugada de la diplomacia chilena, frente a lo que puede considerarse un error de la boliviana en sentido de que no jugó sus cartas en antesalas de las cancillerías.

Lo que también aconteció en la Asamblea de la OEA más que un retroceso, puede ser calificado como la falta de oportunidad en el contexto político de los países de la región y que como se ha reconocido viven en un sistema democrático, diferente a las circunstancias de 1979 cuando Chile estaba gobernada por una dictadura. Sin embargo, más allá de estos factores no se debería dejar de mencionar tres aspectos: a) Bolivia mantiene su postura más que centenaria de reivindicar su derecho al mar y en esa senda ejercita una política de Estado, reafirmada en la Constitución Política. b) Bolivia sustenta su intención de recurrir a la justicia internacional, aunque espera una propuesta concreta, útil y factible de Chile para acceder al mar, como dijo el Canciller boliviano y c) El potenciamiento económico de Bolivia es perentorio para que su palabra en cualquier foro internacional tenga peso frente a la de Chile y del conglomerado de naciones.

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